Jesús

NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE

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¿QUIÉN ES JESÚS?

Si quisiéramos evaluar ante un tribunal de justicia la evidencia que poseemos acerca de Jesús, encontraríamos la suficiente para comprobar que realmente existió. De eso, desde el punto de vista histórico, no hay duda. 

Sin embargo, no existe otro nombre que cause tanta controversia como el de Jesús. Su existencia literalmente ha determinado el curso de la historia. Incluso la tradición sitúa los acontecimientos históricos "antes y después de Cristo".

Pero ¿quién es Jesús realmente? ¿Quien es éste, quien se dice que es el Hijo de Dios? ¿Por qué decimos que Él es Rey, y quién le ha dado ese título? ¿De quién es Jesús el Señor? 

 
"Jesús le respondió: —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mí, nadie puede llegar a Dios el Padre"

Juan 14:6 (TLA)

LA CONDICIÓN 

DEL HOMBRE

Cuando hablamos de Jesús y queremos comprender su importancia, es necesario tener en cuenta la condición de la humanidad sin Cristo. El hombre se había rebelado en contra de Dios. “Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron” (Romanos 5:12).

 

La naturaleza de Dios es la santidad, que es lo opuesto al pecado. Por esta causa, el pecado nos apartaba de Dios, y estábamos condenados a una vida eterna separados de Él. “Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios” (Romanos 3:23).

 

Por causa del pecado, la naturaleza del hombre siempre apunta a pecar. “No hay una sola persona en la tierra que siempre sea buena y nunca peque” (Eclesiastés 7:20). El hombre tiende a rebelarse en contra de Dios, y en contra de sus principios. Desde ese punto de vista, solo aquellos que cumplen totalmente la ley de Dios pueden ser justos. “Sin embargo, los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la ley de Dios» (Gálatas 3:10)

 

Si la ley exigía justicia y obediencia perfectas, ¿cómo podía ser justificado el hombre ante Dios, si era pecador y no estaba puro? La ley de Dios demandaba que, para poder ser reconciliados con Él, debía ofrecerse un sustituto, una ofrenda excelente, perfecta, sin mancha. "Bajo aquel sistema se repetían los sacrificios una y otra vez, año tras año, pero nunca pudieron limpiar por completo a quienes venían a adorar. Si los sacrificios hubieran podido limpiar por completo, entonces habrían dejado de ofrecerlos, porque los adoradores se habrían purificado una sola vez y para siempre, y habrían desaparecido los sentimientos de culpa" (Hebreos 10:1-2). Esa ofrenda, ese sacrificio, no podía ser suplido por ningún hombre. “Pues nadie llegará jamás a ser justo ante Dios por hacer lo que la ley manda. La ley sencillamente nos muestra lo pecadores que somos” (Romanos 3:20)

el plan perfecto

Como hemos visto, el problema de la humanidad no tiene que ver con hechos terrenales, salud física, bienestar económico, prosperidad o desigualdad. El principal problema del hombre es que, por habernos rebelado en contra de Dios, "estábamos muertos en nuestros delitos y pecados" (Efesios 2:5a).

 

La solución a la condición del hombre está en la persona misma de Jesús. Jesús no fue sólo un predicador que vivió hace 2000 años. No fue sólo otro profeta. No fue sólo un líder más que se ha levantado en la historia de la humanidad. Entonces, ¿quién es Jesús?

 

La respuesta la hallamos en la Biblia, y se encuentra claramente respondida. El apóstol Pedro lo declara: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). 

 

Probablemente, en los tiempos de Jesús, mucha gente, de muchos lugares distintos, discutieron este tema: “¿Has oído las cosas que hace ese hombre? ¿Y has escuchado acaso quién se dice que es?” Donde sea que Jesús fuera, cualquiera fuese la ciudad que visitara, nadie quedaba indiferente.

 

Incluso sus discípulos declaran, cuando Jesús calma la tempestad en Mateo 8:27: “¿Quién es este hombre? ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!”

 

“Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es supremo sobre toda la creación” (Colosenses 1:15). Él tiene el poder de cambiar nuestras vidas, de transformarnos, de sanarnos, de restaurarnos. Y por sobre todo, de ser nuestro mediador delante de Dios Padre y de quitar el pecado que nos aparta de su santidad. "Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús" (Efesios 2:4-6).

 

La solución a la separación del hombre con Dios está en Jesús. En Él, se reúnen ambas naturalezas, el Cielo y la Tierra, lo divino y lo humano.

 

“Pues el pecado de un solo hombre, Adán, hizo que la muerte reinara sobre muchos; pero aún más grande es la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su justicia, porque todos los que lo reciben vivirán en victoria sobre el pecado y la muerte por medio de un solo hombre, Jesucristo. Así es, un solo pecado de Adán trae condenación para todos, pero un solo acto de justicia de Cristo trae una relación correcta con Dios y vida nueva para todos. Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos” (Romanos 5:17-19)

 

“Cristo sufrió por nuestros pecados una sola vez y para siempre. Él nunca pecó, en cambio, murió por los pecadores para llevarlos a salvo con Dios. Sufrió la muerte física, pero volvió a la vida en el Espíritu” (1 Pedro 3:18)

“Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo” (2 Corintios 5:21)

 

Él es todopoderoso. Su nombre es sobre todo nombre. Su autoridad es suprema. Jesús es el único que puede cambiar nuestra condición de pecado. En su infinito amor, nos ofrece su perdón para vivir una vida plena en Él, y en comunión con Dios. Jesús mismo nos dice “yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10 b (NVI)). Él es el “Emmanuel”, Dios con nosotros.

ESPERANZA PARA LA HUMANIDAD

Es por Jesús que podemos tener esperanza cuando estábamos perdidos. Él es quien nos sustenta, quién nos da la fuerza y nos guía a seguir adelante. A Él le fue dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra.

 

Podemos confiar plenamente en que Cristo nos comprende, porque fue totalmente humano, al mismo tiempo que era totalmente Dios. “Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó” (Hebreos 4:15).

 

Dios nos ama profunda y completamente. Su amor es tan grande que este plan de reconciliación fue pensado desde antes que naciéramos, y nos ha amado desde antes de crear el mundo. “Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores" (Romanos 5:8).

 

El pecado nos ha separado de Dios, y sin importar que hagamos, nunca podremos compensar nuestro pecado con buenas obras. Entonces, ¿de qué manera es posible que podamos ser aceptos por un Dios santo, cuando no lo merecemos? La cuestión es que, sin importar nuestra historia, o las cosas buenas o malas que hayamos hecho o dicho, Dios se interesa por nosotros de pura gracia, y nos ha escogido en Cristo para andar en la senda correcta, para alabanza de su gloria. "De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús" (Efesios 2:7).

La Biblia dice que nada ni nadie puede separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 8:39). Poder arrepentirnos, y comprender ese amor y esa gracia inmerecida, es lo que transforma nuestras vidas y nos cambia por completo. Es en su misericordia, y por ese amor tan grande, en Cristo, que somos libres de la culpa, la esclavitud, el temor, la vergüenza y cualquier otra atadura del pecado. Sólo Jesús tiene la capacidad de darnos una vida plena, si estamos en Él.

 

La forma en que le conozcamos y entendamos quién es Jesús determinará la manera en que nos relacionaremos con Él. Entonces: ¿Quién es Jesús para ti?

 

Podríamos verlo como un profeta más que predicó en la antigüedad. Podríamos ver a aquel hacedor de milagros que alimentaba multitudes en el desierto. Podríamos verlo como el sanador que restauraba la vista a los ciegos. O como aquel que confrontaba y llamaba hipócritas a los religiosos de su época por predicar y no practicar las enseñanzas de las cuales se jactaban. Podríamos seguirlo por sus señales y prodigios. O incluso podríamos verlo como un buen referente moral, como un ejemplo a seguir, o conformarnos con solo oírlo de lejos. Sin embargo, la Biblia nos enseña la única manera correcta en que debemos relacionarnos con Él, y la forma de conocerle:

Jesús dice en Juan 14:6 "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí". Él es la única puerta para acceder a Dios, y sólo por medio de Él, restaurar la relación que estaba rota por causa del pecado. ¡A Dios sea la gloria!

EL REGALO

DE AMOR PERFECTO

La salvación es un regalo gratuito del amor que Dios nos ofrece por su maravillosa e inmerecida gracia. Esto implica un arrepentimiento genuino de nuestros actos pasados. Debemos dejar nuestros antiguos caminos y volvernos a Jesús, pedirle perdón por nuestros pecados y recibir una nueva vida en Él.

"Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, los cuales pierden su valor, sino que fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha. Dios lo eligió como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo, pero ahora en estos últimos días él ha sido revelado por el bien de ustedes" (1 Pedro 1:18-20).

En el Evangelio de Juan leemos: "Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él" (Juan 3:16-17). Y asimismo señala "No hay condenación para todo el que cree en él, pero todo el que no cree en él ya ha sido condenado por no haber creído en el único Hijo de Dios" (Juan 3:18).

Entonces, ¿que debemos hacer? La Biblia nos enseña: “Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). Entonces, el primer paso para tener la relación correcta con Dios es reconocer que Jesús es el Señor, y creer en Él. Ante lo mismo, también la Palabra señala: "Cree en el Señor Jesús, y serás salvo" (Hechos 16:31). 

 

Juan 1:9-12 también declara acerca de Jesús que “Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo. Vino al mismo mundo que él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron; pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios”

 

Así que, si crees en Jesús, te arrepientes de tus pecados y reconoces que Él es el Señor, ahora eres parte de la Familia de Dios, y Dios te adopta en Cristo como su hijo. Ser parte de la Familia de Dios es un regalo que implica vivir una vida plena en la cual reflejamos a Cristo y buscamos hacer la voluntad de Dios, a fin de que todos le conozcan y vengan a Él, ¡para alabanza de Su gloria!.

UNA VIDA NUEVA

 

Te invitamos a que puedas crecer en tu relación con Dios, a través de Jesús. Busca una iglesia y congrégate. Lee la Biblia. Aparta un tiempo en tu agenda para orar, y para pedirle a Dios que te guíe en este caminar.

 

Del mismo modo, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotros. Puedes llenar el formulario de contacto más abajo en esta página para recibir más información, consejería y seguimiento espiritual. 

Te dejamos aquí algunos recursos que creemos podrían servir de ayuda.

 

Eres bendecido en Cristo. 

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